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Arreglos para el hogar: La salida a fiestas sin puntadas ni hilo

Las modistas que normalmente cosían disfraces y túnicas se vuelcan ahora en pandemia en arreglos para el hogar. La suspensión de los carnavales pone en aprieto a modistas que cada año se esmeran para que los grupos luzcan sus disfraces, una parcela más de la crisis.

Peña los Retales. / EH
Peña los Retales. / EH

Sin fiestas, sin puntadas sin hilo. Modistas y costureras de siempre se han visto vacías de encargos de disfraces para el carnaval, de túnicas para Semana Santa, de trajes tradicionales para las romerías. En esta situación, los arreglos para el hogar son su pequeña salvación para su actividad hasta que todo esto pase. 

El local de Toñi Álvarez Beltrán en la calle Pescadores de Isla Cristina debería ser en estos días un lugar de paso incesante en estos días de gente llevando sus disfraces de carnaval para darles los últimos retoques, las túnicas de su hermandad o los trajes para preparar la inminente salida a El Rocío o a la romería que se tercie, pero este año es diferente.

En realidad, vuelve a ser de nuevo diferente, porque el coronavirus permitió en 2020 celebrar el carnaval por los pelos, pero este año ha sido imposible, igual que las cofradías se van a quedar sin salir y no hay opción para cantar sevillanas en el camino. Sólo quedan los arreglos para el hogar.

Chirigota Chanchi. / EH
Chirigota Chanchi. / EH

Colgada con los trajes

“El año pasado fue terminar el carnaval y quedarme colgada con los trajes de penitentes”, lamenta para empezar la conversación. Toñi es costurera, de las costureras de toda la vida, las que se echan a la espalda centenares de encargos cada año para ayudar a la celebración de las fiestas de su pueblo, pero este año a duras penas puede mantener su local y a la vez a su peña.

Por sus manos pasan, entre otros, los trajes de la Peña las Monjas. Hace casi 20 años que realiza sus disfraces, igual que se responsabiliza de que los componentes de Elia Casanova salgan a cantar lo mejor vestidos posible.

“Nos encargamos de todo, pero aparte de los grupos también hay muchas personas que nos encargan sus disfraces para salir en la cabalgata. Este año solo puedo decir que lo he perdido todo, pero la verdad es que sigo pagando lo mismo, manteniendo los arreglos para la calle y muy poco más. No ganamos ni para pagar alquiler”.

Su grupo de trabajo tiene un nombre revelador, ‘Peña los retales’, que hace más de 40 años que tiene más o menos relación con el carnaval, y siempre a base de puntadas bien dadas.

“Manoli Costurera”

En Ayamonte, Manoli ha perdido la cuenta de los años que lleva preparando disfraces y todo lo que sus vecinos le reclaman a la hora de coger la aguja, el hilo y las telas. Por su manos han pasado los disfraces de la comparsa del Chachi, la chiricomparsa o la comparsa de Dani Franco: “Soy costurera desde siempre, porque lo que me gustaba era coser”, resume Manoli, que es conocida en todo el pueblo como “Manoli costurera”.

A estas alturas, debería estar dando los retoques a los disfraces del desfile callejero y comenzar a recibir los primeros trajes de flamenca. De hecho, cuando el mes de octubre todavía no se ha despedido, ya recibe los primeros encargos de grupos de carnaval, que tienen su tipo listo completamente en enero para subirse al escenario del teatro Cardenio.

Encargos de costura para casa

Y es que Manoli intenta ser optimista, ya que cada día recibe encargos de costura en general de vecinos de la localidad que confían en ella, aparte de los momentos concretos en los que las fiestas decaen, o, como ahora, son inexistentes: “Mi trabajo sobrevive porque por el coronavirus pasamos mucho más tiempo en casa, y la gente mira mucho más el interior, cuidan bastante más sus casas. Por eso, hago bastantes arreglos para el hogar, de faldas de camilla, cortinas, y trabajos en general para estar mejor en las viviendas”.

Y todo con el matiz de que se mantienen fiestas, pero contadas con los dedos de las manos, igual que la cantidad de personas que se pueden reunir en las celebraciones. “Se han perdido las celebraciones, como bodas, bautizos y comuniones, y las pocas que se hacen se celebran con cuidado de no tener contacto entre las personas, de modo que los problemas en este sector están por todos lados”.

Igual que ella, las manos de Carmen Frigolet, Juana Rodríguez o Pedro Petaca, procesionales de la costura en su pueblo, esperan mejores tiempos, confiados en que la vacuna haga que la covid desaparezca y la vida vuelva poco a poco a su entorno, fiestas incluidas.

    Escrito por Fermín Cabanillas

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